domingo, 25 de marzo de 2007

El Apunte (12)


Dueños de nuestros silencios, esclavos de nuestras palabras

Esta misma semana asistí a una clase de formación dónde el profesor, sin calibrar el alcance de su afirmación, se arrancó con un increíble "estamos limitados por el lenguaje". Ya sabemos que existen un sinfín de "metalenguajes" - el lenguaje corporal, el contexto, el silencio incluso- que potencian, matizan o socavan el propio discurso. En la era de la comunicación - o más bien de la "infoxicación"- sería absurdo desconocer desde la capacidad persuasiva y seductora del lenguaje visual hasta la soterrada potencia del "no-lenguaje" de las juveniles llamadas perdidas. Es decir, que hay para dar y vender en todo el entorno semiótico, pero - y así se lo dije al docente - es una auténtica barbaridad mantener que el lenguaje nos limita. Entre otras cosas, porque seguramente gran parte de nuestra supervivencia como especie se la debemos a él.

Y venía esto a cuento por la cantidad inagotable de sorpresas que algo tan preterido como la lengua nos depara. Por ejemplo, tomemos el adjetivo "estentóreo" y preguntémonos de dónde proviene. Y sólo hay que remontarse a "La Ilíada" de Homero, para toparse con el personaje de Stentor (el pregonero, el que brama) que hoy da nombre al grito fortísimo, atronador, o sea, estentóreo. Técnicamente, se trata de un “epónimo” (personaje cuyo nombre se aplica a la representación de un hecho abstracto). De Stentor a estentóreo, de un nombre propio a un nombre común. ¿Les suena el nombre que hay detrás de los adjetivos dantesco, kafkiano, salomónico y maquiavélico? ¿Y el de los nombres propios –reales y ficticios- que han generado masoquismo, maoísmo, sadismo y lerrouxismo?

Por no hablar de otras influencias foráneas que nos han afectado en toda regla. ¿Les dice algo boicot, linchar, nicotina o guillotina? Pues detrás están Charles Boycott, Charles Lynch, Jean de Nicot y Joseph Ignace Guillotin.

Es tal la vitalidad del lenguaje que todos lo seguimos “recreando” cada día. Sea con nuevo argot o con adaptaciones de otras lenguas que también – ¡como no!- reflejan la ola globalizadora. Para muestra, la presentación de ayer del nuevo Diccionario del Institut d’Estudis Catalans. Allí se han incorporado más de 12.000 nuevas acepciones, que van desde el tecnológico “chat”/xat hasta el juvenil “pírcing” pasando por la etílica “barra libre”/barra lliure , o por el femeninamente fashion “lífting”. Y es que, como se decía en La verbena de la Paloma, hoy las ciencias (filológicas) adelantan que es una barbaridad.


(Gracias, de nuevo, al artículo de Màrius Serra del suplemento de Cultura del diario Avui, de 22 de este mes, que proporciona sustento a este doceavo apunte).

1 comentario:

Anónimo dijo...

NICE ART WORK

Hi this
Gurpreet
nick name Preet!